Cáncer infantil en Chile: la importancia del seguimiento
Cada 15 de febrero, en Chile y a nivel mundial, se conmemora el Día del Cáncer Infantil, una instancia destinada a sensibilizar a la población respecto de los signos y síntomas de alarma de esta patología. La detección precoz continúa siendo un pilar fundamental, ya que permite sospechar oportunamente la enfermedad, lograr un diagnóstico temprano y ofrecer tratamientos adecuados a niños, niñas y adolescentes que inician su camino en oncología.
En nuestro país, este proceso se encuentra respaldado por el Programa Infantil Nacional de Drogas Antineoplásicas (PINDA), que garantiza el acceso a tratamientos oportunos y estandarizados mediante protocolos clínicos definidos y equipos altamente capacitados distribuidos en centros a lo largo de todo el país. Gracias a este trabajo sostenido, Chile ha alcanzado tasas de sobrevida cercanas al 80 %, según el último informe del Registro Nacional de Cáncer Infantil (RENCI). Este avance, sin embargo, plantea un nuevo desafío asistencial: el cuidado posterior al tratamiento activo.
El termino del tratamiento activo no representa el fin del proceso asistencial. Posterior a ello inicia la etapa de seguimiento componente esencial del abordaje integral del cáncer infantil. Es en este período equipos multidisciplinarios acompañan al paciente y su familia por años, con el objetivo de pesquisar precozmente recaídas, monitorizar efectos secundarios tardíos y abordar las secuelas asociadas a terapias recibidas durante la fase activa.
El seguimiento, no obstante, trasciende lo estrictamente biomédico y requiere una mirada integral. En la práctica emergen desafíos significativos como la reinserción escolar y social. Niños, niñas y adolescentes enfrentan contextos educativos donde pueden coexistir la sobreprotección, el desconocimiento y, en algunos casos, la estigmatización. A ello se suman dificultades cognitivas y de aprendizaje derivadas de hospitalizaciones prolongadas o del impacto de ciertos tratamientos, lo que requiere coordinación activa entre el sistema de salud, las familias y las comunidades educativas, con el objetivo de lograr el mayor desarrollo de los niños, niñas y adolescentes en sus distintas dimensiones dentro de las nuevas capacidades.
Como expresó la madre de uno de mis pacientes, se trata de “una vida normal, modificada”. Esta frase resume con claridad la realidad de muchos que transitaron un proceso oncológico en etapa infantoadolescente. Desde los equipos de salud, el desafío es generar estrategias que favorezcan una reinserción efectiva y sostenida, promoviendo la educación de las comunidades escolares para prevenir episodios de bullying o sobreprotección, y fortaleciendo el autocuidado de los pacientes y sus familias, considerando el mayor riesgo basal de comorbilidades a largo plazo.
Si bien los protocolos de seguimiento incluyen múltiples atenciones profesionales, persisten brechas relevantes. Como país, aún existen deudas en áreas clave como la preservación de la fertilidad, el acceso oportuno a especialidades y la adecuada articulación con los entornos sociales y educativos previos a la enfermedad.
Conmemorar el cáncer infantil implica no solo reconocer los avances en sobrevida, sino también asumir la responsabilidad de fortalecer el seguimiento a largo plazo. Garantizar continuidad, equidad y calidad en la atención es fundamental para que quienes transitaron por nuestros servicios de oncología infantoadolescente puedan desarrollarse plenamente y alcanzar una mejor calidad de vida.
Carolina Andrea Bastías Ríos
Coordinadora Nacional de la Subcomisión de Educación PINDA
Enfermera Educadora - Seguimiento Hospital Puerto Montt Eduardo Schütz Schroeder.
Miembro SEOC.
“Las opiniones vertidas en esta columna son de exclusiva responsabilidad de quienes las emiten y no representan necesariamente el pensamiento de la Sociedad Chilena de Enfermería Oncológica”.
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